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jueves, 2 de julio de 2009

RAOUL RUIZ: Ontología de lo fantástico o el cine como antigua costumbre mafiosa Por Adolfo Vásquez Rocca



Resumen:

1.- El cine como ontología de lo fantástico

Raúl Ruiz ha configurado con su filmografía un universo poético de sensibilidad barroca. Ruiz, en su Poética del Cine1 va más allá de la escritura literaria y la realización cinematográfica para reflexionar acerca de la naturaleza de la narrativa y la estructura de todo relato posible; esboza modelos analíticos en torno a nociones clave como la “decisión” (lo que inflexiona una acción en un sentido o en otro) y el “conflicto” (lo que organiza de manera elemental dos acciones entre sí)2. Ruiz ofrece una poética del cine que insiste en la capacidad polisémica de narrar que tienen las imágenes. Su cine nace de una continua reflexión acerca del lenguaje y los modos narrativos del cine, así como de su gusto por la experimentación3.








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“Es en esos mundos privados que harán su aparición unos films que el deber de misterio y la práctica de la clandestinidad volverán inclasificables, proteiformes, inagotables, en suma, porque estarán dotados de una polisemia infinita; duros de derribar, además, porque, como aquellas lombrices de tierra que, a falta de alimentos, se rejuvenecen, vuelven al huevo y renacen, esos films sabrán hacerse pequeños sin desaparecer. Con un poco de suerte, todos podremos ser testigos del renacimiento de ese cine, igual a sí mismo, y, por esa razón, más intratable que nunca”.

Raúl Ruiz

“Poética del cine”

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De este modo Raúl Ruiz –como teórico y experimentador– resucita las preocupaciones de Robbe-Grillet4 en torno a la lógica de lo narrativo, la semántica de los mundos posibles y el arte de las acciones narradas.

Ruiz, tras la partida de Antonioni y Bergman consagrado como el último gran maestro del cine5 – oficia como oráculo y visionario de las nuevas posibilidades del cine, reflexiona sobre la historia efectiva de las artes, apartándose de todo esquema histórico apriorístico; Ruiz es uno de los únicos que no tiene un ápice de hegelianismo, lo cual es natural si se tiene en cuenta que ha afirmado que su concepción del cine se basa en la filosofía de Schopenhauer6.

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2.- Misterio y Ministerio: Las obras de arte como organizaciones imaginarias del mundo

Raúl Ruiz, el creador del cine chamánico, ha llevado su teoría del cine al límite de una sociología y una ontología de lo fantástico. Así en una de sus descripciones el territorio del arte queda dividido entre Misterio y Ministerio7: la creación, inefable y singular, y la difusión, publicitada y serializada. Las obras de arte “son organizaciones imaginarias del mundo, que, para activarse, necesitan entrar en contacto con uno o varios seres humanos”;8 las hay de distintas clases –los “delitos imaginarios”, los “mundos perfectos”, la invención de nuevas maneras de hacer arte, las “exploraciones de nuevos territorios”–, para las que Ruiz propone tipologías o esbozos de catálogos. Los artistas quedan agrupados así en familias inesperadas, según denominaciones metafóricas pero sugestivas (Schoenberg, Joyce y Proust se ven alistados entre los “exploradores españoles”). Según confiesa el propio autor, el esquema es puramente “poético”, aspira a hacer soñar (y lo consigue). Tiene, sobre todo, la gran virtud de recordarnos que la historia devota tiene sus límites, patentes, y no hay nada de malo en escapar de ella.

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3.- El cine como vieja costumbre mafiosa

A modo de ilustración de la teoría del cine y el sistema de producción y narración expuestos abordaremos uno de los últimos trabajos de Ruiz. Raúl Ruiz –nuestro cineasta mayor– acaba de estrenar su película “Agatopedia”, la que terminó –entre rodaje y edición– en seis días, como un paso más su nueva etapa en tierras italianas.

Raúl Ruiz afirma que en Italia trabaja en “lo que antes se llamaba cine de guerrilla, es decir cine que se hace sin dinero, con financiamientos municipales, de universidades o – simplemente– amigos.

“Ahí hago, por el momento, mis películas libres, mi experimentación. Yo no puedo hacer cine si previamente no hago películas en que tengo una libertad total y no hay ningún propósito financiero. Eso lo he hecho en Italia”, declaró.

“Acabo de hacer una que se llama ‘Agatopedia’, con la complicidad y ayuda de la universidad de Calabria9 en Cosenza. Ahora, voy a hacer ‘Sueño de una noche de verano’ de Shakespeare, a partir de una pieza de teatro hecha con niños, en Sicilia. Y dentro de poco va a salir un álbum de DVD que se llama ‘Vieja Italia’, donde hay 6 películas italianas”, relató.

Sobre “Agatopedia” dijo que está en proceso de finalización y que fueron “cuatro días de filmación y dos días de montaje”.

“Es para los estudiantes y, como de costumbre, pasará fuera de horario en RAI 3. Son películas que no son ni documentales ni ficción, sin actores. Bueno, todos los italianos son más o menos actores, así que no tener actores da más o menos lo mismo, es fácil”, deslizó.

Raoul Ruiz se refirió en mayor profundidad a su nueva etapa de creación en tierras italianas, donde ha encontrado lo que necesitaba para sus proyectos.

“Italia sigue siendo el país más vitalizante con todo, porque es como es. Berlusconi gana las elecciones, al día siguiente Walter Veltroni esta allá, haciendo negocios con él. Como quien dice, la ‘majamama’ (enredo) italiana es también creadora de cultura”, afirmó.

“Y es uno de los enigmas de nuestro tiempo, porque los países más corruptos tienen la mejor cultura. Colombia y México son los países más cultos de América Latina. Sicilia y Nápoles son las regiones más cultas de Italia y las más productivas y también son las más corruptas. Y la plata de la corrupción no va a la cultura”, advirtió.

“Se pueden dar muchas razones. Que el gobierno central da plata para la cultura de alguna manera indirectamente para combatir la corrupción. Pero eso no explica todo, porque hay un deseo de la gente por hacer las cosas”, aseveró Ruiz.

Agregó también que, en Italia, “hay un grupo de teatro de lo más interesante que hay que ir a verlo en la cárcel, porque están todos en prisión de alta seguridad”.

“Son todos antiguos mafiosos. No hay ninguno que no haya dado muerte al menos a una persona. Y son actores y, por supuesto, hacen obras que corresponden a lo que son”, opinó Ruiz10.

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4.- El cine de la incomunicación y la sobreproducción de imágenes

Ruiz afirma que existe en el mundo “una sobreproducción de imágenes y películas”11 y advirtió que la multiplicación del teléfono portátil y la masividad de internet conducen al aniquilamiento de “la noción misma de individuo”, en una entrevista en Santiago de Chile.

“Hay una sobreproducción de imágenes, incluso de películas. A los grandes festivales se presentan miles de películas. En el festival de Rotterdam, Holanda, por ejemplo, se rechazaron más de mil películas norteamericanas independientes, donde se supone que viene el nuevo cine, simplemente porque no tenían financiamiento para pagar gente que las viera y las seleccionara. Las rechazaron de oficio”, relató.

Ruiz reflexionó sobre el problema de la masificación e indicó que releyendo al sociólogo alemán Norbert Elías, al ensayista español José Ortega y Gasset y al escritor búlgaro Elías Canetti, “uno encuentra que ellos vieron a principios del siglo XX -más allá de las grandes dictaduras, catástrofes y guerras- un período que era bastante más inquietante que es el período que empieza en estos años”.

“Lo que no podía vaticinar Norbert Elías es que el fenómeno de los teléfonos celulares y de internet (…) iba a aniquilar la noción misma de individuo, que es lo que está pasando”, describió.

Para Ruiz, actualmente “más que la soledad del individuo, el problema es el individuo solo, en una especie de vértigo de comunicación que acentúa la soledad en vez de crear vínculos”.

“A pesar del blog -que es una forma de expresar la subjetividad, porque sirve para eso- hay procesos de aniquilamiento y anestesia de la introspección. Y sin introspección no habrá grandes novelas u obras de arte que pasan por una soledad positiva”, sostuvo.

“El tejido social creado por internet es de alguna manera malsano. Eso lo está diciendo todo el mundo”, insistió.

Según el creador chileno, la masiva captación de imágenes a partir de los teléfonos portátiles “hace que uno sea cada vez más indiferente a las imágenes”.

“La incapacidad actual para leer las imágenes es mayor que el ojo analítico, por ejemplo, de nuestra generación cuando veíamos cine. Hay un proceso de abstracción y de desrealización que es evidente”, graficó.

El cineasta recordó la existencia de dos tipos de películas: la que todos ven y la que cada uno ve12.

Uno puede ver la película y ver muchas películas que están en esa película, esa es la positiva y la negativa es que uno parta por su lado y olvide la película.

Hay una regla que inventó Ortega y Gasset, que también puede llamarse la regla del 10 por ciento, en toda obra de arte siempre el espectador, el crítico de arte, el estudioso, entiende 10 por ciento más de lo que quiso decir el autor. Una buena parte entiende el 10 por ciento menos, esa es la lectura óptima, pero hay gente que entiende el 200 por ciento más, entiende demasiado o entiende el 20 por ciento y ahí la obra de arte no comunica13.

La comunicación, recordemos, es un aspecto de la obra de arte, las obras de arte son como mi familia: pobres pero longevas, señala Ruiz.

Pero la obra de arte tiende a quedarse porque siempre hay alguien que la va a releer, después de un tiempo la va a ver, hay un efecto de relectura que se ha ido acentuando con los años, que se ha ido intensificando con la industrialización del arte. Cada cierto tiempo uno vuelve hacia atrás, revisa críticas, retrospectivas, se reditúa, se reorganiza, en ese sentido, una obra de arte en el tiempo son muchas obras de arte14.

“Hoy las películas están siendo hechas de tal manera que hay solamente las películas que todos ven y no hay ningún elemento para que cada cual se cuente su propia película”, lo que es “una pérdida para el arte cinematográfico” pero también “para el individuo que ve su película y a través de ella se comunica con los otros”.

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5.- Tiempos muertos, películas aparentes y polisemia visual

El universo narrativo ruiziano está hecho de historias que se entrelazan y se cruzan reingresando sobre sí mismas, al modo de las paradojas auto referenciales tan propias de la lógica contemporánea —donde se pone en entredicho el principio de no contradicción, que como he señalado tiranizó durante siglos la lógica de Occidente—, dando, de este modo, lugar a una especie de polisemia visual15 donde se explora —por ejemplo— la idea, tan cara para la física cuántica, de que no existe simplemente una historia para el universo, sino una colección de historias posibles para el universo, todas igualmente reales. A esta posibilidad, la de internarse en los zigzagueos de estas historias, que se van armando a la manera de una urdiembre ontológica que entrelaza las diversas dimensiones de una realidad que en último término, y en una apelación chamánica, Ruiz dirá que obedece a un plan secreto, plan que al modo de un enigma siguen todas sus películas.

La forma de polisemia visual que quiero tratar consiste en mirar una película cuya lógica narrativa aparente sigue siempre más o menos una historia, y cuyos vagabundeos, fallas, recorridos en zig-zag, se explican por su plan secreto. Este plan sólo puede ser otra película no explicita cuyos puntos fuertes se ubican en los momentos débiles de la película aparente. Imaginemos que todos estos momentos de relajo o distracción narren otra historia, formen una obra que juegue con la película aparente, que la contradiga y especule sobre ella16.

“Ahora no se pueden esconder los signos. La palabra transparencia, por ejemplo, es una palabra que se considera que es positiva desde todo punto de vista. Sin embargo, una obra de arte transparente es una mala obra de arte” porque “no despierta el inconsciente o los inconscientes de cada individuo, no despierta la conciencia y eso es una pérdida”, argumentó.

A juicio de Ruiz, “lo positivo” de la masificación de las tecnologías para captar imágenes “es que nunca ha sido más fácil hacer una película. Que un amigo preste una cámara digital y que tres o cuatro se junten y hagan una película. Pero nunca ha habido menos ganas de hacerlas”.

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Ruiz recordó, asimismo, que “la naturaleza misma del cine es reproducción de cosas que estamos viendo” e indicó que “el cine todavía no es completamente de animación (…) sigue haciéndose con gente y con problemas que conciernen y están ligados al hombre”.

A modo de ejemplo, indicó que “los chinos siguen practicando el cine creativo, como se hacía en la época de la nueva ola francesa y el neorrealismo italiano”. “Todavía existen allá cineastas que filman sin guión. Filman con un cuaderno con la nota de las tomas y van cambiando y llegan a refilmar la película entera cuando cambian de idea”. Eso es imposible, impensable en occidente.

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Notas y Referencias:

1RUIZ. Raoul, Poétique du cinema, Paris, Editions Dis-Voir, 1995. / Traducción / Raul Ruiz, Poética del Cine, Ed. Sudamericana, Santiago de Chile, 2000.

2AUMONT, Jacques, Las teorías de los cineastas (Les théories des cinéastes), Editorial Paidós, Barcelona, p. 152.

3VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Raúl Ruiz; L’enfant terrible de la Vanguardia parisina”, En Almiar, MARGEN CERO ©, MADRID, 2005, Fundadora de la Asociación de Revistas Culturales de España, ISSN 1695-4807, http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz.htm

4ROBBE-GRILLET, Alain, Nouveau Roman: hier, aujourd’hui, coloquio de Cerisy-la-salle, U.G.E., 10/18, tomo 2, 1972, p. 159. la teoría de los generadores, adoptada por los “Nouveaux romanciers” en los años 70, afirmaba que la novela podía ser escrita a partir de algunos términos que, por juegos paragramáticos, engendraban otros, hasta proveer todo el material necesario para la ficción.

5 Raúl Ruiz recibió el premio “Maestro del Cine” en el Festival Internacional de Cine de Roma por parte de la revista Filmcrítica, premio reservado sólo a unos pocos genios; tras la muerte de Antonioni y Bergman, Ruiz parece ser el último grande, un sobreviviente. “Yo soy el primer sorprendido por este premio ya que no me siento como un autor de obras maestras sino un artesano experto en bricolage”, admitió Ruiz al recibir el importante galardón durante la inauguración de la Fiesta del Cine que le dedica una completa retrospectiva. La exhibición de su última película, “La Recta Provincia” / RAÚL RUIZ LA RECTA PROVINCIA Y LA INVENCIÓN DE CHILE / coincidió con la visita de Estado que realizó la Presidenta Michelle Bachelet a Italia. En la ocasión Ruiz recibió el premio Campidoglio – Maestros del Cine que cada dos años la revista italiana especializada en crítica cinematográfica –Filmcritica– otorga a artistas que durante su trayectoria hayan sabido desarrollar un estilo único, así como una poética propia.

6 AUMONT, Jacques, Las teorías de los cineastas (Les théories des cinéastes), Editorial Paidós, Barcelona, p. 16

7 El problema del guión –según Ruiz– es que es demasiado islámico, apela de modo recurrente a que “está escrito”. Las reglas de cualquier deporte están escritas, tienen un guión, pero no se sabe quién las hizo. El guión puede describir o vaticinar. En una revista francesa de los años 20, 30, de vocación surrealista, cuyo director era Georges Bataille, se planteaba, subyacentemente, sin decirlo claramente, que todo es documento. La “Divina Comedia” es un documento. Ministerio es el estado. Misterio es el arte. Las obras de arte son inexplicables.

8 RUIZ, Raúl, Poétique du cinéma, Paris, Editions Dis-Voir, 1995. p. 90.

9Università della Calabria, Facoltà di Lettere e Filosofia, Raoul Ruiz: Costruire un Film. Corso speciale de Cinema: http://www.youtube.com/watch?v=yytvYmBNZZw

10“Raúl Ruiz habla de cine, internet e Italia”, Gerónimo Elortegui en Lente-Creativo, julio de 2008.

11Orlando Milesi Santiago de Chile, 9 julio de 2008(ANSA).

12VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Raúl Ruiz; L’enfant terrible de la Vanguardia parisina”, En Almiar, MARGEN CERO ©, MADRID, 2005, Fundadora de la Asociación de Revistas Culturales de España, ISSN 1695-4807, http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz.htm

13 GARRIDO, Jorge, “Diálogo Abierto: Una Conversación Múltiple con Raúl Ruiz”, Revista Chilena de Antropología Visual, Santiago, Nº 12, 2008 (2).

14Ibid.

15RUIZ, Raúl, Poética del cine, Capítulo VII “El Cine como viaje clandestino”, Editorial Sudamericana, 2000.

16VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Raúl Ruiz; L’enfant terrible de la Vanguardia parisina”, En Almiar, MARGEN CERO ©, MADRID, 2005, Fundadora de la Asociación de Revistas Culturales de España, ISSN 1695-4807, http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz.htm







Autor: Adolfo Vásquez Rocca. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Áreas de Especialización: Pensamiento Contemporáneo y Estética. Artista Plástico. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV. Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Crítico de Arte. Profesor en la Escuela de Arquitectyra y Periodismo, Investigador Asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. { Más información » » }


Para citar éste artículo, le recomendamos el siguiente formato:


Vásquez Rocca, Adolfo (2009). Ontología de lo cotidiano o el cine como antigua costumbre mafiosa. Societarts. Revista de artes, ciencias sociales y humanidades. Recuperado el día de mes de año, en:
http://societarts.com/2009/06/03/ontologia-de-lo-cotidiano-o-el-cine-como-antigua-costumbre-mafiosa/

domingo, 14 de junio de 2009

La reconfiguración del concepto de autor. Alteridad e Identidad en la poesía de Juan Luis Martínez. Por Adolfo Vásquez Rocca

Cyber Humanitatis Nº 33 (Verano 2005)

La reconfiguración del concepto de autor. Alteridad e Identidad en la poesía de Juan Luis Martínez.

Adolfo Vásquez Rocca.
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Universidad Complutense de Madrid
Departamento de Filosofía IV, Estética Pensamiento Contemporáneo

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“En esencia, el mito de SUPERMAN satisface las secretas nostalgias del hombre moderno, que aunque se sabe débil y limitado, sueña rebelarse un día como un “personaje excepcional”, como un “héroe” cuyos sufrimientos están llamados a cambiar las pautas ontológicas del mundo”.

“SUPERMAN se hizo extraordinariamente popular gracias a su doble y quizás triple identidad: descendiente de un planeta desaparecido a raíz de una catástrofe, y dotado de poderes prodigiosos, habita en la Tierra: primero bajo la apariencia de un periodista, luego de un fotógrafo y por último, tras las múltiples máscaras de un inquietante y joven poeta chileno, que renuncia incluso a la propiedad de su nombre, para mostrarse como un ser a la vez tímido y agresivo, borroso y anónimo. (Esto último es un humillante disfraz para un héroe cuyos poderes son literal y literariamente ilimitados)”.

J.L. Martínez. La nueva novela.



La noción de "autor"

La noción de "autor" –como creador individual de una obra artística o literaria– se puede situar histórica y culturalmente en el tránsito de la modernidad a la postmodenidad, la noción de creador individual empieza a problematizarse; desde fines del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, donde la noción se hace insostenible.

Tal como lo refiere Michel Foucault[2], el autor que desde el siglo XIX venía jugando el papel de regulador de la ficción, papel característico de la era industrial y burguesa, del individualismo y de la propiedad privada, habida cuenta de las modificaciones históricas posteriores, no tuvo ya ninguna necesidad de que esta función permaneciera constante en su forma y en su complejidad.

Un planteamiento interesante en torno las relaciones conflictuadas entre autor, texto y lector, así como de la cuestión anteriormente planteada respecto de las nociones de autor y autoría, es la de Juan Luís Martínez[3]. La propuesta del poeta es la de una autoría transindividual, que quiere superar desde oriente la noción de intertextualidad según se ha entendido en occidente, donde los textos de base están presentes en las transformaciones del texto que los procesa; pero en J. L. Martínez ella parece resolverse en la negación de la existencia de las individualidades en la literatura, al hacer fluir bajo nombres distintos una misma corriente, que es y no es él[4].

Fue Flaubert quien dijo que "un autor debe arreglárselas para hacer creer a la posteridad que no ha existido jamás". Palabras que calaron hondo en Juan Luís Martínez[5], poeta secreto como pocos. El poeta debe saber andar sobre sus pasos y borrar sus propias huellas.

Martínez, lejos de ambicionar popularidad, varias veces dijo que deseaba abandonar su propia identidad: "Me complace irradiar una identidad velada como poeta; esa noción de existir y no existir, de ser más literario que real", confesó en su última entrevista.

También soñaba con escribir un libro que no se supiera que era de él. Sueño o voluntad que al leer Poemas del otro adquiere connotación casi empírica: "Esta es poesía lírica. Si se comparan estos versos con los de La Nueva Novela, difícilmente podría inferirse que Juan Luís es su autor", explica Cristóbal Joannon, encargado de la edición de Poemas... Lejos de la mezcla de lenguajes, aquí la palabra está despojada de todo artificio, develándonos a un autor preocupado por la soledad, el amor y la trascendencia.

En La nueva novela, obra paradigmática de la neovanguadia poética chilena, J. L. Martínez anticipa la escritura hipertextual, bajo el soporte de un libro para armar, desentrañar, recorrer, en algún sentido completar o construir, esto a partir de las tareas poéticas que aparecen allí prescritas, o los diversos enlaces con los que están tejidos problemas de física y matemática con otros de gramática, sintaxis e incluso ética.

Es imposible reseñar todos los juegos fantásticos del pensamiento, de la palabra, del contexto tipográfico y autoral, que esta obra nos presenta. Los textos de La nueva novela tienen la estructura del problema lógico, físico o matemático, con un espacio en blanco para su resolución, o con la solución misma al pie de página.

La nueva novela es el libro sueño, el libro utopía, el libro total. Allí, el lenguaje poético se cruza con la filosofía, la lingüística y las matemáticas. Muchos poemas parecen adivinanzas o problemas aritméticos. Un ejemplo: "Comúnmente suele decirse que 'el tiempo es oró. Haga el cálculo en dólares". El texto es intervenido con citas de autores, imágenes de personajes célebres, collages y artefactos hechos por él mismo, como unos anzuelos aplanados con alicate. Lo terminó en 1971, pero tras ser rechazado por Editorial Universitaria, lo archivó unos años. Finalmente, lo autopublica en 1977.Al año siguiente, edita La poesía chilena, otro libro objeto[6].

La nueva novela genera perplejidad en el lector, quien ya desde la portada enfrenta imágenes de casas derrumbándose, para luego adentrarse en un territorio movedizo que deshabitúa su tradición de lectura; tachadura de la autoría, las señales descriptivas e ilustrativas de la solapa son reutilizadas con la formulación de un silogismo que pone en movimiento otra noción sobre la legibilidad del texto el de armarlo como una interrogación y una combinación de una suma de textos: en la paráfrasis kriteviana todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es la absorción y transformación de otros textos.

Cada una de las partes de La nueva novela puede ser considerada como un todo, porque cada una de ellas obedece a ese sentido que le da constitución a un poema; pero, a su vez, todos ellos son fragmentos de esa totalidad que es el libro mismo, el que se construye en su contenido como un sistema de referencias, las que operan permanentemente en todas direcciones[7]. Es por eso que se puede hablar tanto de obras como de una sola obra, primando este último sentido que es el libro como institución o, más precisamente, como sistema.

Juan Luís Martínez, de este modo, desacraliza el concepto de originalidad tomando múltiples textos –ajenos y propios– haciendo una obra “original”. La tendencia natural es esconder la fuente. Cuanto más importante es la fuente, más fuerte la tendencia a esconderla. Juan Luís se burla de eso y refiere la fuente; hecho en el que hay algo más que gran honestidad. Aquí esta presente la idea de que la literatura es un gran texto –hipertexto– en el que cada individuo se inscribe.

Por ello Juan Luís Martínez pareciera ser tan sólo un “nombre-pretexto”, tras el cual sólo hay un espectro. J. L. Martínez sentía que no era dueño del lenguaje que componía su obra, y por eso tachaba su nombre. Decía: “no soy yo el autor de nada, el lenguaje le pertenece a todo el mundo, yo sólo lo ordene de una manera, pero esto lo podría haber hecho cualquiera”[8]. El mismo Juan Luís escribe su propio nombre, pero luego lo tacha, lo elimina, lo borra: el sujeto desaparece, el ego no tiene cabida posible. La nueva novela es una obra plural escrita por muchos, como en tiempos medievales. El ideario poético con el que J. L. Martínez aparece comprometido es el de emanar una identidad velada, en sus palabras “no sólo ser otro sino escribir la obra de otro”. Esto conduce, como he señalado, al extremo de la tachadura de la autoría. Un nombre es tachado por otro nombre (una existencia sobre otra) y así sucesivamente.

En el acto de tachadura de la identidad hay una negación de la autoría, del que escribió y armó todos los discursos, lo que, finalmente, produce un quiebre al estatuto de la autonomía del arte.

Es así como la reconfiguración del concepto de autor, bajo el de escritura cooperativa, evita la hipostación de remitir el texto a una figura fantasmagórica –la del autor– que se encuentra fuera de él (del texto) y lo precede. Punto de vista que generaba esa apariencia de personalidad, que creaba la ficción de poder sacar o derivar una personalidad a partir –o como soporte de los textos–, creyendo hallar en ello una prueba de que existe una personalidad unificada “detrás” o “dentro” de los textos o incluso “implícita”.



[1] FOUCAULT, Michel, “¿Qué es un autor?”, conferencia de 1979 publicada en 1984.

[2] Juan Luís Martínez, poeta que a fines de los 70 y principios de los 80 irrumpió en la escena lírica chilena con una poesía rupturita, escéptica e iconoclasta, incomprendida por buena parte de la crítica y rechazada por más de un editor. Los versos de Martínez han circulado por más de 20 años como fotocopias, aunque ahora la situación empieza a cambiar. La Nueva Novela –curiosamente a pesar del nombre– obra paradigmática de la vanguardia poética chilena se ha convertido en un objeto de un nuevo culto, el de la tacha de la autoría y la disolución del autor.

[3] LIHN, Enrique, El Circo en Llamas, Ed. LOM, 1997, Santiago, 1997, p.200; cap. “Señales de Ruta de Juan Luís Martínez” Santiago. Archivo, 1987, escrito en colaboración con Pedro Lastra.

[4] MARTÍNEZ, JUAN LUÍS (1942-1993), muy a su pesar, dejo algunas huellas y, más que eso, Señales de Ruta. Nació en Valparaíso, pero pasó gran parte de su vida entre Con-Con, Viña del Mar y, más tarde, en Villa Alemana. En su juventud fue conocido como el loco Martínez, pues tenía fama de pelear con "los choros" del puerto, robar autos para echar carreras a Santiago y usar el pelo largo, en una época en que todos se lo cortaban a lo James Dean. Se decía que tenía una placa de platino en la cabeza, a raíz de un accidente, y que por eso tenía el pelo largo.

Lo de la lámina metálica es mentira, pero es cierto que sufrió un grave accidente en moto. Martínez, que no terminó el colegio por considerarlo intrascendente –igual que Lihn–, aprovechó la convalecencia para leer a Huidobro, Carroll y otros autores que marcaron su destino. La literatura significó un cambio en su vida: de joven rebelde pasó a ser un hombre dedicado a tiempo completo a la poesía. El autor, que evitaba las entrevistas, podía pasar horas conversando con alguien que lo iba a ver a su casa. Quienes lo conocieron destacan que saltaba de un tema a otro y solía adoptar la posición contraria. Los últimos años los pasó en su hogar-biblioteca (tenía 5 mil libros) en Villa Alemana, leyendo, escribiendo y luchando contra una enfermedad que lo obligaba a dializarse tres veces por semana.

[5] MARTINEZ, Juan Luís, La poesía chilena, (Archivo, Santiago, 1978).

[6] NORDENFLYCHT, José de, “El gran Solipsismo: Juan Luís Martínez, obra visual”, Editorial Puntángeles, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, 2001, p. 82.

[7] MARTINEZ, Juan Luís, Poemas del otro, Ediciones Universidad Diego Portales, 2003.

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Adolfo Vásquez Rocca

Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile ISSN 0717-2869

jueves, 11 de junio de 2009

"SEMINARIO ACERCA DE LA VERDAD" | DEPARTAMENTO DE ARTE Y HUMANIDADES UNAB | CAMPUS VIÑA DEL MAR

"SEMINARIO ACERCA DE LA VERDAD" | DEPARTAMENTO DE ARTE Y HUMANIDADES UNAB | CAMPUS VIÑA DEL MAR

?SEMINARIO ACERCA DE LA VERDAD


“SEMINARIO ACERCA DE LA VERDAD”

Tercera Versión en Homenaje a Mirko Skarica Z.

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Lunes 22 de Junio, 2009


Organiza: DEPARTAMENTO DE ARTE Y HUMANIDADES

UNIVERSIDAD ANDRES BELLO

CAMPUS VIÑA DEL MAR


Inscripciones: pcastillo@unab.cl

Teléfono: (032)2570423

Se otorgará Certificado

Universidad Andrés Bello

UNAB

7 Norte 1348 – Viña del Mar

Auditorio Soprano Cristina Gallardo Domas

Campus Los Castaños.

Viña del Mar

PROGRAMA

9:00: Presentación


9:30: “El origen de la obra de arte”. Una aproximación a la verdad en la obra humana.

Dr. Mirko Skarica Z.


10:00 La metafísica del esse ut actus. La verdad y el De ente et essentia.

Profesor Salvador Lanas Hidalgo


10:30: El problema de la verdad en Platón o la filosofía como conversión.

Dr. Rodrigo Frías U.


11:00: La verdad en Zubiri. El sentir como aprehensión de realidad.

Dr. Carlos Zarraga O.


11:45 Coffee Break




12:00 INVITADO ESPECIAL

Poeta Oscar Hahn G. Verdad y Literatura.


15:00 Lanzamiento de la “Revista Observaciones Filosóficas”


15:30 De Parmenides a Picasso. De cómo la verdad dejó de ser redonda.

Profesor Luis Carrillo C.


16:00 "La verdad en la ética de Aristóteles".

Profesor Juan Pablo Figueroa Z.


16:30 La verdad como relato. Libros de viaje, Marco Polo y Mandeville

Profesora Tatiana Soto Schurter.


17:00 Sloterdijk y Heidegger. Verdad y biopolítica después de la crisis del humanismo

Dr. Adolfo Vásquez Rocca.



Organiza: DEPARTAMENTO DE ARTE Y HUMANIDADES

UNIVERSIDAD ANDRES BELLO

CAMPUS VIÑA DEL MAR

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“SEMINARIO ACERCA DE LA VERDAD” | DEPARTAMENTO DE ARTE Y HUMANIDADES UNAB | CAMPUS VIÑA DEL MAR

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1 comentarios:

Adolfo Vásquez Rocca dijo...

“SEMINARIO ACERCA DE LA VERDAD”

Tercera Versión en Homenaje a Mirko Skarica Z.



PROGRAMA


9:00: Presentación

9:30: “El origen de la obra de arte”. Una aproximación a la verdad en la obra humana.
Dr. Mirko Skarica Z.

10:00 La metafísica del esse ut actus. La verdad y el De ente et essentia.
Profesor Salvador Lanas Hidalgo

10:30: El problema de la verdad en Platón o la filosofía como conversión.
Dr. Rodrigo Frías U.

11:00: La verdad en Zubiri. El sentir como aprehensión de realidad.
Dr. Carlos Zarraga O.

11:45 Coffee Break



12:00 INVITADO ESPECIAL
Poeta Oscar Hahn G. Verdad y Literatura.

15:00 Lanzamiento de la “Revista Observaciones Filosóficas”

15:30 De Parmenides a Picasso. De cómo la verdad dejó de ser redonda.
Profesor Luis Carrillo C.

16:00 "La verdad en la ética de Aristóteles".
Profesor Juan Pablo Figueroa Z.

16:30 La verdad como relato. Libros de viaje, Marco Polo y Mandeville
Profesora Tatiana Soto Schurter.

17:00 Sloterdijk y Heidegger. Verdad y biopolítica después de la crisis del humanismo
Dr. Adolfo Vásquez Rocca.
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Adolfo Vásquez Rocca



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lunes, 1 de junio de 2009

"Adolfo Vásquez Rocca": Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre



Adolfo Vásquez Rocca [*]

En lo que concierne a las aptitudes de Adolf Hitler, el diagnóstico es claro.Mientras cumplió sus labores como Führer, no actuó en absoluto como la ensalzada contrafigura de una masa guiada por él mismo, sino como su delegado y catalizador.En todo momento adoptó el mandato imperativo de la vulgaridad.No alcanzó el poder gracias a algún tipo de aptitudes excepcionales, sino merced a su inequívoca grosería y a su manifiesta trivialidad.Si algo había de especial en él, residía tan solo en el hecho de que parecía haber inventado su vulgaridad en todo su ser, como si fuera el primero en reconocer en esa misma vulgaridad una meta que podía ser perseguida hasta sus últimas consecuencias.La autoconciencia de Hitler de ser la encarnación de un destino se adecuaba en este sentido a su papel de instrumento histórico.En él, el narcisismo vulgar fue capaz de entrar en escena.Para muchos, en él, y a través suyo, el sueño de una gran eclosión, libre de esfuerzos, podía cobrar visos de realidad.Dado que él estaba en condiciones de anular las ilusas infamias de los grupos más diferentes, pudo actuar desde diferentes lugares como una suerte de imán.Sólo como médium polivulgar fue capaz de crear el denominador común de sus partículas afines a su adhesión.El hermano Hitler tendió su mano a todos los que querían consumar su destino por su cuenta.Quien estaba dispuesto a eliminar toda percepción de la realidad para así poder fantasear mejor acerca de un salvador –incluso acerca de ese “redentor cultural”anunciado por los georgianos-, podía esta máscara comprometerse con todo lo que quisiera.Sin embargo, aun cuando las masas no fueran capaces de reconocer por sí misma que tenían ante sí a una marioneta perversa, un niño mimado, coprófilo e impotente de tendencias suicidas explícitas, fueron los rasgos histéricos, megalómano-populistas e histriónicos de su carácter los que se evidenciaron desde el comienzo de manera más notoria e inmediata.De ahí que todavía hoy digan más de su figura los documentos gráficos que las miles de biografías al uso.Entonces se le ve siempre posando para las ilusiones de la masa: pero allí donde cae la pose, sólo queda el hueco del colérico médium falto de carácter.Hitler, el recolector de ilusiones y el político hipnótico, no era en absoluto un hombre de excesivo talento, como tampoco era en ningún aspecto una personalidad creativa.Para que tuviera éxito, sólo bastaba que fuera capaz de ser un receptor -catalizador- popular.

Reflexionando sobre la adhesión que recibió Hitler en el marco de la sociedad de masas no pretendemos indagar si hubo o no una amplia mayoría que siguió la política antisemita de Hitler, sino considerar como llegó al poder, esto es por la vía democrática; que tuvo seguidores fanatizados y seguidores que sólo fueron parte semi-inconsciente de la máquina genocida, esto es en su carácter de masa; que así como tuvo adeptos tuvo también adversarios, quienes a pesar que trataron, no lograron destronar rápidamente esa política por no contar con aquella hegemonía masiva con la que sí contaba el régimen.

Una figura histórica que haya provocado tanto daño debe ser estudiada en profundidad. Aunque hay una marea de libros y monografías en torno a Hitler muy pocos son los que han analizado la zona oscura, las raíces del mal. La historiografía oficial utiliza la técnica del avestruz. Aquello que escapa a su comprensión lo rechaza como imposible. Aunque tal rechazo implique aceptar que al final la Guerra Mundial se debió a la mala suerte de que llegase un loco al poder de Alemania. Esta actitud es un insulto a la inteligencia. ¿Quién fue realmente Hitler? ¿Cómo explicar que uno de los pueblos más cultos de la época se dejara embaucar por un loco? ¿Cómo pudo un tipo con un bigotillo ridículo pasar de vagabundo a intentar, y casi conseguir, la conquista del mundo? ¿Qué eran esos símbolos extraños de que se rodeaba?

Adolfo Vásquez Rocca PH. D.

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En la filosofía de Sloterdijk se puede encontrar una multiplicidad de escenificaciones en las que intervienen los actores por excelencia de la historia: el hombre, la divinidad, los animales, las fuerzas de la naturaleza, los artefactos tecnológicos; todo en escenarios tan dispares como hordas, polis, burbujas, globos, espumas, cosmos; en estados de cosas tan disímiles como el sueño, la vigilia, la subjetividad, el estado narcótico, el líquido amniótico, el jardín del Edén, etc.Ante esto se pueden distinguir dos grandes líneas narrativas que en su filosofía se articulan para dar cuenta de la caducidad del humanismo –la última gran filosofía de la historia– y del advenimiento de una nueva era posthumanista, desestructurando los supuestos fundamentales del humanismo, a saber: la estricta distinción entre naturaleza y cultura; y la dicotomía sujeto y objeto, diversificando los planteamientos y unidades de sentido histórico. Para esto, Sloterdijk realiza una suerte de historia natural de la especie junto a una historia espiritual de la criatura, relatos que se fundamentan en la tesis nietzscheana según la cual el hombre es un efecto de programaciones y adiestramientos. Así, ciencia zoológica y ciencia pneumática se constituyen en la historia de los procesos antropotécnicos capaz de introducir en la escena de la teoría aquello con lo que el hombre convive –y ha convivido– cotidianamente, a saber: signos, señales, símbolos, máquinas, herramientas, animales, plantas, virus, bacterias, textos, obras de arte, museos, prótesis, intervenciones quirúrgicas, fármacos; a esto se debe sumar la irrupción de los artefactos tecnológicos en la determinación de la vida humana. La historia de esta cohabitación con elementos cuyo estatuto ontológico no ha sido suficientemente aclarado es el desafío de la misma filosofía de Sloterdijk. Bajo esta perspectiva, el mismo estatuto ontológico del hombre no está claro; en este sentido, Sloterdijk entiende al hombre como una deriva biotecnológica asubjetiva que vive hoy un momento decisivo en términos de política de la especie.

Describir históricamente en qué ha consistido esta convivencia recién advertida con inquilinos desconocidos que han habitado por siglos en nuestras propias casas, es por lo pronto, la primera tarea del pensamiento posthumanista sloterdijkiano: una especie de sabiduría cotidiana de lo indistinto e incierto, una cosmología ecológica de la complejidad. Esta complejidad consiste en la constatación de una contaminación recíproca entre hombres y artefactos, mediante la cual los caracteres de unos se transfieren a los del otro por contagio. La invención de la inteligencia artificial y el descubrimiento del genoma humano constituyen el mayoracontecimiento cognitivo desde el establecimiento parmenídeo de los primeros principios del pensamiento y la pregunta socrática por el qué de algo. En este sentido, el artefacto inteligente y el hombre programado son, en uno de sus aspectos fundamentales, dos bombas de tiempo ubicadas a la base de las certezas metafísicas de la humanidad.

Según Sloterdijk la prueba de que la metafísica clásica, basada en la combinación de una ontología monovalente (el Ser es, el No-Ser no es) y una lógica bivalente (lo que es verdadero no es falso, lo que es falso no es verdadero, tertium non datur) lleva a la incapacidad absoluta para describir en términos ontológicamente adecuados fenómenos culturales”. El basto conjunto de estos fenómenos se puede explicar sucintamente a partir de fórmulas aparentemente paradojales, pero que no constituyen una contradicción si nos situamos en la conquista del tertium datur. Así, entonces: “las máquinas funcionan con logos: sistematizando autorrecursivamente”; “los hombres con mecanismos programados biológica y culturalmente: vinculando linealmente”. De este modo, hay espíritu en la materia y materia en el espíritu.

Si se acepta lo anterior, no sólo máquinas y artefactos, sino también seres humanos requieren para ser concebidos lo que Sloterdijk llama “una ontología que sea al menos bivalente, así como una lógica trivalente, es decir un instrumental cognitivo capaz de articular que hay negaciones afirmadas y afirmaciones negadas realmente-existentes, que hay nadas que son entes y entes que son nada”. Este instrumento cognitivo permitiría dar cuenta del hombre en el actual escenario de una creciente complejidad. Sincronía, inmediatez y enlaces en sus múltiples versiones, dan lugar a un nuevo modo de ser en el tiempo y de habitar en el espacio, que exige, para ser tematizado, una conceptualización a la altura de su complejidad.

En este sentido, se hace necesario desarrollar un pensamiento ecológico que supere el dualismo entre lo natural y lo artificial propio de la concepción humanista del mundo, ciega ante la unidad casi indistinta de un único entorno natural y tecnológico. Así, pues, una ecología filosófica vendría a constituir, en grandes escalas, una nueva cosmología, que consistiría en estudiar las relaciones de las diversas entidades en el escenario del cosmos a partir de criterios polivalentes. De este modo, si se remontara la creciente complejidad del mundo actual, el cosmos pasaría a ser el ámbito para la conformación de una multiplicidad de nuevos espacios habitables, que fundarían ante todo una nueva política de la cohabitabilidad entre entidades separadas antes por la supuesta pureza o impureza de su naturaleza: entre hombres y máquinas.

Sin embargo, costará remontar niveles tan altos de complejidad. El mundo como hábitat de la especie humana se presenta hoy bajo la forma de una hiperesfera conectada en red. La misma necesidad de anteponer la palabra “hiper” a una serie de conceptos revela que éstos son tiempos exacerbados, a saber: la edad del paroxismo de la complejidad. Ante este estado de cosas ni siquiera el “hiper” da basto para describir en una medida adecuada la actual forma del mundo. Con todo, se requiere una hiperpolítica a la altura de un mundo hipercomplejo ante la presencia de huérfanas multitudes de individuos sin un horizonte de cosas en común más que el éxito personal.

Para Sloterdijk, el gran relato sobre lo que quisiera denominar aquí, a modo de título del texto primario de la época, “Hombres yuxtapuestos o la orfandad del género humano”, se sitúa en el reconocimiento cómico y dramático del actual estatuto híbrido del hombre como espécimen biocultural. Habrá que dar cuenta de la unidad de la evolución humana desde sus escenificados orígenes. Para ello, Sloterdijk elabora su ensayo sobre lo que él denomina hiperpolítica, con el fin de mostrar claramente el suceso antropológico fundamental: la creación del hombre por parte del hombre. Un relato en el que intervienen Nietzsche y Sloterdijk por un lado y Heidegger -por otro- como dos mentalidades confrontadas en una radical ruptura entre épocas y sensibilidades.

- 2 -

El hombre es el animal que se predice, los propios hombres anuncian hombres venideros.Esta fórmula hace patente que la autoproducción de la condición humana no debe ser entendida de manera solipsista. Por el contrario los hombres tienen noticia de lo que pueden ser mediante una corriente continua de presagios, designaciones y proclamaciones.Los hombres anuncian a otros hombres,hablan de las posibilidades del hombre por venir.Quien corresponde a la invitación del discurso sobre las más eminentes posibilidades humanas va a parar al centro del proceso de humanización. Al dimensionar la importancia de tales discursos, los individuos experimentan el impulso de, no sólo ser oyentes de la palabra, sino convertirse en sus autores.Desde siempre la humanización ha sido un suceso en el que predicadores eminentes proponían a sus semejantes modelos de humanidad, historias ejemplares de los antepasados, los héroes, los santos, los artistas.A esa fuerza demiúrgica de la lengua cabe llamarlapromesa, a la ciencia en la que se profiere le corresponde el nombre deprofecía y el carácter que por ello asume no puede ser otro que el de los discursos escatológicos.

El hombre tiene que ser prometido al hombre antes de someter a prueba, en sí mismo, lo que puede ser.El que no ha oído nunca las historias de los dioses, héroes, santos, profetas y artistas es muy difícil que quiera o pueda ser un dios, héroe, santo, profeta o artista.El discurso ha de haberse referido a “grandes hombres”, en tercera persona, antes de que un individuopueda dar en la ocurrencia de ser él mismo uno de semejantes sujetos.

Nos hemos acostumbrado a caracterizar el movimiento de ideas de los tiempos modernos como relevo de la determinación cristiana del hombre mediante programas de autodeterminación mundana o humanista.Esto encuentra un apoyo en el hecho de que, a partir del siglo XVIII, la disciplina de la antropología nace como una nueva forma de antropodicea.En ella comienza “el” hombre a tomarse a sí mismo de manera empírica y a investigar su forma de ser inspirado en su “propia” revelación.En eso se expresa, a la vez, un nuevo ethos que no desea otra cosa sino que el hombre se tome a sí mismo humanamente a todo trance.Imagen y semejanza de Dios se va convirtiendo, cada vez más, en una idea molesta del parvulario ideológico de la especie.De ahora en adelante, el adulto de los tiempos modernos se contenta con querer ser igual que los mejores ejemplares de su propia especie, siempre y cuando éstos no vayan a ser imágenes de Dios, sino sólo hombres.La antropología es la ciencia de la condescendencia del hombre para con la mera humanidad -una condescendencia, por supuesto, segura de sí y que, en el fondo, ya sabe como tiene que tomar el hombre al hombre-.Así está la antropología obstinada, de antemano, en ser humana, demasiado humana.Anuncia y promueve una evolución al final de la cual Nietzsche podrá decir que nosotros -los hombres- nos hemos cansados de ser hombres, que estamos hartos del hombre.

Lo que Nietzsche tenía ante los ojos, en su visión de la época iniciada de los últimos hombres, en la aparente decadencia irresistible del hombre desde la antigua elevación maníaca a la mediocridad autosatisfecha, universal, semidepresiva.Los últimos hombres son aquellos que celebran el abaratamiento del hombre mediante los hombres como su realización.¿Quién podría negar que la época de los medios de comunicación ha conducido a un triunfo de la vitalidad atontada, regida por el modelo de indefinición deportiva-musical?El último humano: el transeúnte ante un micrófono.Pese a todo, el proceso de la civilización no es una decadencia lineal; una y otra vez, abarca la dinámica de la vida más que la mera consunción de fuerzas iniciales maníacas hasta la estupefacción lineal.A cualquier europeo atento le salta a los ojos la línea descendente que primero marca el paso de Dios a hombre y luego de hombre a mamarracho.Pero también hombres modernos pueden tener un ascendente maníaco, que se eleva mientras el espíritu de la época decae.Para Nietzsche, el aserto “Dios está muerto” anuncia el desafío de que los hombres pueden aprender, según Ecce homo, a producir sus entusiasmos en régimen de propia administración.La palabra superhombre es una cifra para el tránsito de la manía a la época de su reproducción artificial.

- 3 -

Sloterdijk, a propósito de la reproducción artificial -en su polémica 'Normas para el Parque Humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo'[1] reclama una revisión genético-técnica de la humanidad.En su planteamiento constata que "las fantasías de selección biopolítica han tomado el relevo de las utopías de justicia", de allí que Sloterdijk al destacar los medios y posibilidades que ofrece la biotecnología, sugiera formular un 'código antropotécnico', dejando abierta la posibilidad a una 'antropotecnología' en la que pueda cambiarse el 'fatalismo del nacimiento' por un 'nacimiento opcional' y una 'selección prenatal'.Reviviendo con ello los fantasmas de los totalitarismos del siglo XX, con sus sueños eugenésicos y ambiciones de poder y control en la selección de seres humanos. Esta nueva ingeniería social busca cimentarse en una antropología de cuño neo-darwinista, compatible con cualquier racismo revivido, encontrando sus primeros antecedentes en Platón donde los discursos educativos sobre la comunidad humana parecen apuntar a un parque zoológico.

La polémica ha seguido propagándose en parte por la reconocida agresividad de los términos “ganaderos” utilizados por Sloterdijk, que en Alemania suscitan siniestros recuerdos eugenésicos, pero en parte también por una coincidencia temporal de la que Sloterdijk era seguramente consciente: la era de la información parece haberse completado muy recientemente con la era de la biotecnología, con los alimentos transgénicos, la fecundación artificial y la elaboración del “mapa” del genoma humano, con la clonación de animales y quizá, en un futuro próximo, con la “repetición” -programada- de seres humanos.

Estas indicaciones dejan en claro que con la pregunta-por-el-humanismo se alude a algo más que a la conjetura bucólica de que el acto de leer educa. Aquí se halla en juego una definición del ser humano de cara a su franqueza biológica, y a su ambivalencia moral. Pero por sobre todo, esta pregunta sobre cómo podrá entonces el ser humano convertirse en un ser humano real o verdadero, será formulada a partir de ahora de modo ineludible como una pregunta por los medios, por aquello por cuyo intermedio los seres humanos mismos se orientan y forman hacia lo que pueden ser y llegan a ser. Se trata, como se habrá advertido, de uno de los alcances de la Meditación sobre la técnica, en particular de la sentencia según la cual “El hombre, quiera o no, tiene que hacerse a sí mismo, autofabricarse”. Para Ortega el hombre es un ser técnico, esto es, 'contra natura', puesto que mientras el animal trabaja para satisfacer sus necesidades, el hombre lo hace en cambio para adquirir una sobrenaturaleza, poniendo a su disposición aquello que, biológicamente hablando, le es por completo superfluo. La técnica es, en sí antropógena, pero no deja por ello de ser un lujo a su alcance, es decir al alcance del hombre que ella misma ha engendrado. Y además un lujo exclusivo del hombre, ya que es la técnica el criterio de demarcación respecto a la animalidad de la que el hombre zoológicamente proviene. Como lo señala Ortega “las necesidades humanas son objetivamente superfluas y sólo se convierten en necesidades para quien necesita el bienestar y para quien vivir es, esencialmente, vivir bien”[2].

El fenómeno humanista gana atención hoy sobre todo porque recuerda –aun de modo velado y confuso– que en la alta cultura, los seres humanos son cautivados constantemente y al mismo tiempo por dos fuerzas formativas, que llamaremos influjos inhibitorio y desinhibitorio. El convencimiento de que los seres humanos son “animales bajo influjo” pertenece al credo del humanismo, así como el de que consecuentemente es imprescindible llegar a descubrir el modo correcto de influir sobre ellos. La etiqueta Humanismo recuerda –con falsa inocencia– la perpetua batalla en torno al hombre, que se ratifica como una lucha entre las tendencias bestializantes y las domesticadoras.

En este sentido el fascismo era, para Heidegger, la síntesis del humanismo y del bestialismo, es decir, la coincidencia paradojal de inhibición y desinhibición.

Frente a tan enormes condenas e inversiones ronda de nuevo la pregunta por el fundamento de la domesticación y la educación humana, y si los ontológicos juegos pastoriles de Heidegger –que ya en su tiempo sonaron raros y chocantes– parecen hoy algo del todo anacrónico, conservan al menos el mérito, a pesar de su precariedad y su torpe carácter inusitado, de haber articulado la pregunta de la época: ¿qué puede domesticar aún hoy al hombre, si el humanismo naufraga en tanto que escuela domesticadora humana? ¿Qué puede aún domesticar al hombre, si hasta el día de hoy sus esfuerzos de automoderación lo han llevado en gran medida precisamente a su toma del poder sobre todo ente? ¿Qué puede domesticar al hombre si hasta aquí en todos los experimentos de educación de la especie humana quedó poco claro hacia quién o hacia qué educaban los educadores? ¿O no habrá que dejar de lado definitivamente la idea de una formulación competente de la pregunta sobre el cuidado y formación del hombre en el marco de la mera domesticación?

El Humanismo como palabra y proyecto tiene siempre un opuesto, la Barbarie. Es fácil de entender que precisamente aquellas épocas que han hecho sus principales experiencias a partir de un potencial de barbarie liberado excesivamente en las relaciones interhumanas, sean asimismo aquellas en las que el llamado al Humanismo suele sonar más alto y perentorio. Quien hoy se pregunta por el futuro del humanitarismo y de los medios de humanización, quiere saber en el fondo si quedan esperanzas de dominar las tendencias actuales que apuntan a la caída en el salvajismo [Verwilderung] del hombre.

La sospecha de Nietzsche contra toda cultura humanística irrumpe para revelar el secreto de la domesticación de la humanidad. Quiere nombrar por su nombre a los hasta hoy detentadores del monopolio de la crianza –el sacerdote y el maestro, que se presentan a sí mismos como amigos del hombre–, revelar su función silenciosa, y desencadenar una lucha, nueva en la historia mundial, entre diversos programas de crianza y de educación.

Este es el conflicto básico que Nietzsche postula para el futuro: la lucha entre los pequeños criadores y los grandes criadores del hombre –se podría también decir, entre humanistas y superhumanistas, amigos del hombre, y amigos del superhombre. El emblema del superhombre no representa en las reflexiones de Nietzsche el sueño de una rápida desinhibición o una evasión en lo bestial, como imaginaron los malos lectores con botas de los años ‘30. Tampoco encierra dicha expresión la idea de una regresión del hombre al estado anterior a las épocas del animal doméstico o el animal de iglesia. Cuando Nietzsche habla de superhombre, es para referirse a una época muy por encima del presente. Él nos da la medida de procesos milenarios anteriores, en los que, gracias a un íntimo entramado de crianza, domesticación y educación, se consumó la producción humana, en un movimiento que por cierto supo hacerse profundamente invisible y que ocultó el proyecto de domesticación que tenía como objeto bajo la máscara de la escuela.

Por debajo del luminoso horizonte de la escolar domesticación humana, Nietzsche –que ha leído con similar atención a Darwin y el apóstol Pablo– cree descubrir un horizonte más sombrío. Barrunta el espacio en que comenzarán pronto inevitables luchas por los derechos de la crianza humana, y en este espacio se muestra el otro rostro, el rostro velado del claro. Cuando Zaratustra cruza la ciudad en la que todo se ha vuelto pequeño, descubre el resultado de una política de buena crianza hasta entonces exitosa e incuestionada: le parece que, con la ayuda de una unión destinada de ética y genética, los hombres se las han arreglado para criarse en su pequeñez. Ellos mismos se han sometido a la domesticación, y han hecho una elección de buena crianza poniéndose en camino hacia una sociabilidad de animales domésticos. De este reconocimiento surge la propia crítica zaratustriana del humanismo como rechazo de la falsa inocencia con que se envuelve el buen hombre moderno. No es de hecho nada inocente que los hombres críen a los hombres en el sentido de la inocencia. La sospecha de Nietzsche contra toda cultura humanística irrumpe para revelar el secreto de la domesticación de la humanidad.

Es la marca característica de la era técnica y antropotécnica que cada vez más pasen al lado activo o subjetivo de la selección, aun sin tener que ser arrastrados al papel de selector de un modo voluntario. Respecto a esto hay que dejar algo en claro: hay un malestar en el poder de elección, y pronto constituirá una opción a favor de la inocencia el hecho de que los hombres se rehúsen explícitamente a ejercitar el poder de selección que han alcanzado de modo fáctico. Ahora bien,dado que los rechazos o renuncias suelen naufragar por su propia esterilidad, ocurrirá con seguridad en el futuro que el juego se encarará activamente y se formulará un código de las antropotécnicas. Por su efecto retrospectivo, un código tal cambiaría también el significado del humanismo clásico, pues con él se publicaría y registraría que la 'humanitas' no sólo implica la amistad del hombre con el hombre, sino también –y de modo crecientemente explícito– que el ser humano representa el más alto poder para el ser humano.

[1] SLOTERDIJK, Peter, Normas para el parque humano, Ediciones Siruela, Madrid, 2000. / Conferencia pronunciadaen el Castillo de Elmau, Baviera, en julio de 1999 y publicadaen Die Zeit ese mismo año.

[2] ORTEGA Y GASSET, José, Meditación de la técnica, Espasa – Calpe, Madrid, 1965, p. 28

BIBLIOGRAFÍA

SAFRANSKI, Rüdiger Un maestro de Alemania: Martin Heidegger y su tiempo- Tusquets Editores, 2003.

SLOTERDIJK, Peter, Normas para el parque humano, Ediciones Siruela, Madrid, 2000.

SLOTERDIJK, Peter, El Desprecio de las Masas, Editorial Pre-textos, Valencia, 2002.

SLOTERDIJK, Peter, “El hombre auto-operable”, en revista Sileno, Madrid, 2001.

[*] Dr. Adolfo Vásquez Rocca PH. D.
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Pensamiento contemporáneo y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, Facultad de Arquitectura, UNAB. Crítico de Arte y Director de Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado.
Editor Asociado de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires, ISSN 1850-339X http://www.psikeba.com.ar
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Miembro del Consejo Editorial Internacional de 'Cuadernos del Seminario' - Revista del Seminario del Espacio ISSN 0718-4247 Vicerrectoría de Investigación y Estudios Avanzados Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
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