jueves, 11 de septiembre de 2008

LA ESCENA EN FOUCAULT; ARQUITECTURA, DISCURSO Y PODER Por Adolfo Vasquez Rocca

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Foucault por Adolfo Vasquez Rocca

FOUCAULT; La Arquitectura como modo de organización Política1

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Dr. Adolfo Vásquez Rocca.

Notas del Curso de doctorado, Teoría del conocimiento e historia de los sistemas de pensamiento. semestre de primavera 1999, Prof. Dr. Jacobo Muñoz, Universidad Complutense de Madrid.


Este ensayo tiene por objeto exponer cómo aparece el elemento de la escena como manifestación de las mecánicas del poder según Michel Foucault, para ello tomaré como referencia los siguientes textos:

Los anormales, Historia de la locura en la época clásica, Obras Esenciales y Vigilar y Castigar.

La primera cuestión a tratar es el surgimiento de los espacios de exclusión, en relación al texto Los Anormales, la aparición de individuo anormal y sus tres categorías (el monstruo, el onanista y el indócil)

Gran parte del desarrollo del ensayo, hará énfasis en la cuestionada aparición del individuo indócil, la escena en la cual aparece este, lo cual lleva a tratar la escena del suplicio, su teatralidad, los elementos que constituyen la escena del castigo. Uno de esos elementos es la idea del panóptico de Bentham, cómo la mirada tiene el papel más importante en la configuración del saber que encuentra Foucault, de ese saber que está disfrazado y está latente en la escena.

Luego se expondrá el nacimiento del espacio de exclusión, según la puesta en escena que da en El nacimiento de la Clínica, o en Historia de la locura.

Como último objeto de trabajo analizaré la relación entre las teorías wagnerianas, que le fueron inducidas por Boulez, la influencia de Nietzsche a su vez sobre Wagner.

El objeto central no es cómo sucedió la escena, sino cómo es puesto en escena, el asunto histórico no es qué pasó, es cómo pasa.

I - La escena como parte de la expresión en los cambios culturales es más que una aparente constante histórica. Es una verdad que se muestra a través de los conflictos que suceden entre las fuerzas que gobiernan al mundo. Las fuerzas del poder.

Si bien, para Foucault existen claramente unas fuerzas de poder que operan en cada cultura e indudablemente en el desarrollo de la cultura occidental, la interacción de estas fuerzas han de producir a la larga ciertos espacios que satisfagan las necesidades que han dejado las interacciones. Las relaciones del poder están ligadas a las relaciones económicas, de producción, y son las que han configurado el teatro de la racionalidad occidental.

En otras palabras el surgimiento de ciertos espacios de exclusión como las cárceles han surgido tras una necesidad, tras conflictos sociales, guerras y por supuesto para hacer del prisionero, un objeto de la escena del castigo, todo esto (aunque fuera de la conciencia de la gente) con el fin de mostrar el poder del soberano, puesto que el crimen más mínimo es un intento de rebelión ente el soberano, esto es a finales del siglo XVI, cuando los lugares de castigo, se convirtieron en demostraciones del poder político de los gobernantes en Europa.

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Adolfo Vásquez Rocca

Foucault demuestra que su interés no está en ver cómo acaecieron los hechos en los que las fuerzas del poder, sino que su interés está en que es lo que pasa, cómo se transforma la sociedad por medio del conflicto de las fuerzas del poder, allí hay conocimiento.

Estoy de acuerdo con este planteamiento foucaultiano, aún cuando parece que no se interesara por un planteamiento estructuralista (que él mismo negara en varias ocasiones) de la historia, el cual creo es importante porque la historia no debe ser vista sólo desde un punto de vista ya sea como acontecimiento pasado (del discurso claro está) o como un acontecimiento que sucede en determinado momento y que configura una transformación del mundo.

Es claro que deshecha la tentativa de un suceso importante para la mayoría de historiadores, en este caso un asesinato importante, un regicidio; por considerar que éste no es la verdadera crisis del conflicto de las fuerzas del poder, es más bien un producto de este conflicto, que se suma al verdadero saber que arrastra cada tentativa del poder.


Art and Philosophy by Adolfo Vásquez Rocca


El problema que creo no se resuelve en Foucault, se muestra claramente en Los anormales, que es un curso que dicta en el College de Francia hacia 1974 y en el cual trata la anomalía humana dentro de tres categorías: El monstruo humano, el masturbador y el indócil. Estas categorías que suponen una escena dentro de la cual se manifiestan, se han constituido como unidades, hacia las cuales se dirige la corrección y es hacia ellas que se desarrolla una coacción que se pretende vigilar y castigar los actos anormales.


La primer categoría que es el monstruo humano se desarrolla en un ámbito jurídico-legal (recordemos los casos de hermafroditismo, en los cuales el problema social lo constituía el ir en contra de las leyes familiares, de matrimonio, etc.) el monstruo humano combina lo imposible y lo prohibido, es un individuo peligroso. Por supuesto el papel de la mirada como rayo investigador es claro, lo mismo que la infracción a las leyes de la naturaleza que hace el monstruo humano. La forma de corregir al monstruo es hacerlo consciente de su deformidad, para luego dejarlo libre, cargando a cuestas su anormalidad, esto le hará tener una posición en la sociedad (posición que ha de ser la del rechazo) Se ve al monstruo como un castigo de lo divino, el monstruo no cabe en ningún lugar hasta que su connotación biológica le convierte en una forma médica. La escena en la que actúa el monstruo está delimitada por su peligrosidad, por ello es que el lugar de ruptura histórica es cuando jurídicamente se asocia la monstruosidad con la perversión y la maldad en los actos humanos.

La segunda figura es la del onanista (masturbador) Aparece dentro de las nuevas relaciones entre la sexualidad y la organización familiar en el s. XVIII, con la nueva posición del niño dentro de la familia, esto con respecto a la importancia que toma el cuerpo y su salud, es una aparición del cuerpo sexual. ¿Pero qué es lo que conduce la escena de la aparición de este personaje? En este caso la ruptura que pone en escena al masturbador es la cruzada sexual que se lleva a cabo en la Inglaterra hacia 1710, sitúa el mal uso del cuerpo dentro de determinados trastornos físicos que pueden surtir efectos en cualquier momento de la vida; Como vemos en este caso la escena es de un tipo sexual con connotaciones médicas, porque cuando se dan estas connotaciones es cuando aparece el masturbador como individuo a corregir.

El tercer caso es algo peculiar a pesar que es uno de los más estudiados por Foucault, pues la relación que debería haber entre el individuo y la escena se limita a describir aspectos como el encierro y la prohibición, como aspectos sicológicos del individuo (esto no quiere decir dicha relación no exista) en caso tal que nos queda como solución recurrir a las teorías de corrección en otros textos, pero eso lo dejo para más adelante, ahora es necesario definir al individuo indócil. L práctica del encierro es de por sí una consecuencia del rápido crecimiento del mundo, cada vez es necesario excluir a cierto tipo de gente.

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Arte y Performance Adolfo Vásquez Rocca

Según Foucault, el incorregible surge luego del monstruo, tras la introducción de técnicas disciplinarias como las del ejército, las escuelas y lugares de trabajo, así como los procesos de domesticación del cuerpo y del comportamiento. Entra el asunto de la prohibición, como método de descalificación del individuo, para luego desatarse sin medida en la práctica del encierro. Es por esta razón que no queda claro en qué momento la locura y los problemas judiciales del comportamiento forman un solo sistema a corregir. En Historia de la locura en la época clásica se trata el tema de la locura aparte del de la incorrección, pero en este caso la aparición en la escena del loco (en el sentido moderno) se da cuando los antiguos males (como la lepra) tienden a desaparecer a medida que se desarrollan formas médicas y sanitarias que tienden a mejorar el ambiente de vida en la Europa del s. XVI, reforzándose esta imagen de la locura como enfermedad mental y biológica en situaciones como la del siquiatra Pinel, quien libera a los asilados del auspicio de parís, con el fin de hacer la vida de los locos un poco más útil para los demás. (Poniéndolos a trabajar, además le servía para estudiar sus grados de locura como cita Foucault sobre Pinel) En esta ocasión el punto de ruptura lo constituye la famosa “liberación” del doctor Pinel a mediados del s. XVIII, pero por supuesto sobre la fastuosa escena del gran encierro de los locos en el s. XVII.

Como vemos la solución no está tan visible a menos que remitamos otros textos de Foucault.

¿De qué forma se ha corregido entonces al individuo indócil? Es indudable que durante milenios ha existido una u otra forma de coacción ante el delito o la anormalidad, pero el punto crítico de la historia del castigo, o si lo queremos llamar, el momento de aparición en escena (con todo y teatralidad) del castigo como institución formal, se da en los albores de la inquisición en la edad media.

Pero lo interesante es analizar cómo evoluciona la imagen del individuo peligroso, cómo se llegó a diferenciar entre un acto propio de la locura, o propio de la maldad pura. Pues entre más grave era el crimen, menos se podía achacar a la locura. De todas formas a la inquisición (como institución) no le importaban siquiera cuales eran las causas o las razones del crimen, o si hubo crimen, sino cómo castigar; Es en este instante cuando surge la escena del suplicio.

Examinémoslo ahora, caso que menciona Foucault en Los Anormales: La escena del suplicio. El castigo es una vendetta personal del soberano con el criminal, en donde el cadalso es la inversión ceremonial del crimen, es allí donde el soberano hace un despliegue ritual de la fuerza que ejerce sobre sus súbditos. El suplicio como método del terror es la causa de castigo más común durante la edad media e inicios de la época moderna, en este lapso histórico no hay una relación clara o medida entre el crimen y el castigo. Se desarrolló un terror inherente al castigo, el cual debía corresponder al tamaño del crimen; es importante ver cómo el horror del crimen se refleja en el sitio del suplicio.

Otro elemento clave en la escena del suplicio es el carácter ejemplificante del mismo (aunque es claro que lo ejemplarizante del suplicio no disminuyera la cantidad de los mismos a la final, creo que en momentos en los que no hubiera suficientes crímenes se atribuían castigos a cualquier indicio de “anormalidad” con respecto al común de la gente) Cuando una persona no encajaba ya fuera meramente en un ámbito estético, u orgánico, simplemente era anormal, lo cual era suficiente para ser enjuiciada y castigada por el hecho de ser un monstruo, un hermafrodita, homosexual o un loco. Su castigo iniciaba por la “pregunta”, si el individuo no aceptaba su culpabilidad, iniciaban con las variadas torturas, (porque los inquisidores han tenido fama de inigualables torturadores) así, pasando por los grados de dolor más dispares, hacen del cuerpo del condenado, un chivo expiatorio de los males del mundo hasta causarle la muerte por causa evidentemente violenta, esto no siempre a la sazón de los inquisidores, quienes desarrollaron técnicas especiales para mantener al reo vivo durante la mayor cantidad de tiempo posible. El desahogar el castigo con el cuerpo, es más bien una expiación de tipo religioso que conllevaba la salvación del alma.

En la sociedad feudal el cuerpo de los individuos es importante, es allí donde se ejerce el poder, ya sea político, económico o religioso. El poder se ejerce mediante tres formas. La primera es que el cuerpo del sujeto produzca signos de respeto, de devoción o de sujeción. La segunda forma de ejercer poder sobre el cuerpo es mediante el derecho sobre el cuerpo, el derecho a castigar ejerciendo la violencia inclusive hasta la muerte del individuo. La tercera forma es el trabajo, las fuerzas de coacción que conllevan las labores dentro del espacio a que corresponden. Pero volvamos sobre las dos primeras formas, la demostración de sujeción, y el derecho de castigar.

Es ahora cuando nos encontramos de frente con el elemento más dramático de la escena del suplicio: la atrocidad. Es el más dramático por cuanto el nivel de lo atroz, es la causa del terror. Un castigo brutal y violento es una demostración del exceso del poder reinante, cuyo ejemplo se puede ver en las grandes escenas de suplicio a que nos remite Foucault las cuales suceden en el s. XVII y XVIII. Es claro que han desaparecido en su mayoría los suplicios, bueno al menos en la forma de aplicarlos (aunque el elemento del escarnio en medio de la aplicación de la pena aún se haga efectivo en algunos países.)

La escena no estaría completa sin el público asistente al suplicio, este es el carácter del escarnio, de no-privacidad del castigo, pero este es un tema que Foucault examina desde una mirada psicologizante, de esta forma nos encontramos ante un lugar muy importante, es un lugar que surge como propio para el castigo, la idea del panóptico.

La sociedad europea del s. XVIII transforma de manera sustancial la forma de castigo; si durante el transcurso del suplicio el espectador es libre de observar hasta donde crea conveniente o a su morbo no le sea repulsivo, es porque el espectador se encuentra casi al mismo nivel del verdugo y del criminal.

De por sí el cadalso es una forma de panóptico, pues el individuo es observado, analizado de formas múltiples, entonces es necesario aclarar el ideal de Bentham.

Cuando se crean espacios de exclusión con tendencia a ser panópticos se da una estricta división espacial y sobretodo “La mirada está por doquier en movimiento”. Esta idea del panóptico que ya menciona Bentham y que influencia el pensamiento de nuestro autor, supone un claro movimiento arquitectónico de los espacios de exclusión y de igual manera de las ciudades.

Ejemplo de ello son las construcciones con forma cuadriculada asemejando campos de batalla, las aulas de establecimientos educativos en los cuales el lugar del maestro sobresale notoriamente para tener un control del todo por medio de su mirada, los asilos mentales y hospitales en donde el médico debe tener un dominio visual y por ende psicológico sobre el enfermo a quien trata (nuevamente la demostración del poder) y por supuesto los espacios laborales, las fábricas. Estos son pues los lugares de exclusión de la sociedad, es allí a donde se envían los individuos que antes eran enviados lejos de la ciudad. Aunque sea irónico, el panóptico tiene la particularidad de que es un lugar que estando dentro y en contacto con la sociedad, margina de la misma a ciertos personajes, esto por un lado no cambia para nada la escena de aquella época de los griegos (cuando los locos eran sacados de la polis o bien eran enviados en unos barcos especiales que iban de ciudad en ciudad recogiendo a los locos) , pero por otra parte hace que el espacio de exclusión sea más manejable y constituya un lugar de estudio de la locura por ejemplo.

El panóptico según la teoría ideal de Bentham, es un espacio cerrado, vigilado en todos sus puntos, en el que los individuos están insertos en un lugar fijo en el que todos los acontecimientos están registrados y sus movimientos controlados y lo más importante: Une el centro con la periferia por medio de un trabajo de escritura.

En este sistema el poder se ejerce por entero y constantemente, por una figura jerárquica continua. Cada individuo está constantemente localizado y examinado y en palabras de Bentham: “Todo esto constituye un modelo compacto de dispositivo disciplinario”.

Se hace aún más evidente la partición del espacio de exclusión, por una parte está el gran encierro con el fin de hacer desaparecer al individuo molesto, y por otra parte está el buen encauzamiento de la conducta.

Cada celda del panóptico es como un pequeño escenario, un teatro. Basta con situar un vigilante en la torre central para controlar al enfermo, al loco, al escolar o al condenado. El elemento más teatral a mi parecer es la luz, la visibilidad, en el panóptico se elimina la antigua práctica del calabozo oscuro, en el cual la oscuridad es un escondrijo, ahora la luminosidad ofrece un control psicológico continuo, nada puede escapar a la claridad y por lo tanto el individuo se siente en escena; Es esta la reaparición de la mirada y de su efecto escudriñador.

La mirada de por sí conlleva una mecánica de poder, pues es esto lo que se manifiesta a través de la mirada. Hasta aquí el interés de Foucault no está en describir los elementos de los espacios de exclusión, sino a la mecánica que el poder impone haciéndolo eficaz. O sea que no ha de importarnos la dramaturgia con la que transcurren los espacios de exclusión, más que eso ha de importarnos la puesta en escena, que hace realizable esa dramatización del espacio.

Hay un momento en el s. XVI en el cual se institucionalizan los espacios de exclusión, como hospitales, asilos, barrios de ricos y de pobres, etc. Esta diferenciación es una parte de la historia, y por ende uno de sus elementos comunes.

Por último considero de importancia analizar la relación que ha tenido Foucault con la obra de Richard Wagner (a quien admira por la forma en que pone en escena la tragedia) Ya en la entrevista que hace M. Watanabe, se nota la influencia de Wagner sobre Foucault.

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Michel Foucault by Adolfo Vásquez Rocca

Wagner ha desarrollado una idea de espectáculo total, que combina ciertas artes como la música, el teatro, el ballet, la pintura, y otras con el fin de expresar la escena como un todo que lleve a la representación ideal o sea confundir la realidad con la irrealidad, esto incluye la utilización del elemento del leitmotiv, esto es hacer que un tema musical se identifique con el eidos de un objeto, que este tema musical sea la idea primordial del sujeto, este aspecto en especial es muy analizado por Foucault en un ensayo que hizo alrededor de 1951 en compañía de su amigo de toda la vida Pierre Boulez.

Por medio de Boulez, Foucault tiene acceso a la teoría teatral de Wagner. Wagner hace de la ópera un conjunto coherente dentro de sí mismo. Recordemos que el tema del ring fue una influencia directa de Nietzsche, quien fue el encargado para hacer el texto del libreto para la ópera. Wagner no plantea el problema del sujeto en términos cartesianos, hace del drama un hecho importante con una importancia histórica, sin tomar en cuenta sus propias convicciones políticas (como el “antisemitismo” que se le atribuye al igual que a Nietzsche.)

Es muy interesante como desde Nietzsche, pasando por Wagner, y luego por Boulez, Foucault a configurado un sistema de trabajo que siendo paralelo a sus investigaciones en otros campos de la ciencia moderna como en sus Historias parte de la importancia del espacio como concepto positivo u objetivo, y lo más importante: de cómo en este espacio hay una puesta en escena de la verdad que ha de constituir el saber de occidente.

II- FOUCAULT EL PANOPTICO.

LA ARQUITECTURA COMO MODO DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA


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Adolfo Vásquez Rocca

Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el soporte de un nuevo tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos más constantes. En el caso de los hospitales este problema presentaba una dificultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los contagios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cuidadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había pensado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas.

Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituían las grandes formas a las que hay que añadir las plazas fuertes: se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organización del espacio para fines económico-políticos.

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Adolfo Vásquez Rocca

Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se come, se recibe…, en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obreras en los años 1830-1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra habitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habitación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribirse toda una “historia de los espacios” -que sería al mismo tiempo una “historia de los poderes”- que comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del hábitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la organización hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-políticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de los espacios aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se reenviaba a la “naturaleza” -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la “geografía física”- es decir a una especie de capa “prehistórica”, o bien se lo concebía como lugar de residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un Estado. En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que importaba era el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-política que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia respecto a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y experimental desalojaron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del cosmos, del espacio finito e infinito. Esta doble ocupación del espacio por una tecnología política y por una práctica científica ha circunscrito la filosofía a una problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el filósofo tiene que pensar es el tiempo -Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa del espacio que aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-.

En estos temas de vigilancia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación.


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MEDICALIZACIÓN DEL ESPACIO E HIGIENE SOCIAL.

Siguiendo con la arquitectura, cabe decir que individuos como los médicos, cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio. La higiene social nace entonces; en nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, se sitúan ente los más sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la temperatura, datos que encontramos en la encuesta de Howard sobre las prisiones.

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Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientos (climas regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de “constitución”, estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de enfermedad); el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; yasea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y los animales: mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios); el de las residencias(habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hombres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido con los militares, los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las “campañas” (y por lo tanto el de los “pasos”) y el de las fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes etapas del pensamiento sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos comienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes.

De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de población.

Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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Adolfo Vásquez Rocca

Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. – En octubre de 2006 y 2007 es invitado por la 'Fundación Hombre y Mundo' y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias en México. – Miembro del Consejo Editorial Internacional de la 'Fundación Ética Mundial' de México. Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina. Director de Revista Observaciones Filosóficas. Profesor visitante en la Maestría en Filosofía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Profesor Asociado al Grupo Theoria –Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado– UCM. Ha publicado recientemente el Libro: Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Colección Novatores, Nº 28, Editorial de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España, 2008.

PUBLICACIONES en Revistas Especializadas
2008

LA ESCENA EN FOUCAULT Por Adolfo Vásquez Rocca

1 Notas del Curso de doctorado, Teoría del conocimiento e historia de los sistemas de pensamiento. semestre de primavera 1999, Prof. Dr. Jacobo Muñoz, Universidad Complutense de Madrid.

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ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA PH.D.
- Doctor en Filosofía, Universidad Complutense de Madrid.
- Profesor Universitario y Académico Investigador: UNAB - U.COMPLUTENSE MADRID- PUCV Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
- Director de Revista Observaciones Filosóficas
- Investigador Asociado Escuela Matríztica
Académico Investigador en Multiversidad Mundo Real Edgar Morin; Programa de Doctorado Internacional en Pensamiento Complejo dictado por el Centro Mundial de Altos Estudios, Transdisciplina y Ciencias de la Complejidad.

Twitter ADOLFO VASQUEZ ROCCA